Pasar al contenido principal

Rosa Simón: «La seguridad no es un hito que logremos un día y ya está; se construye todos los días y entre todos»

Calidad Asistencial
horitzontal_imatge_entrevista_rosa_simon.png

Con motivo del Día Mundial de la Seguridad del Paciente, conversamos con Rosa Simón, presidenta de la Societat Catalana de Qualitat Assistencial (SCQA) y directora del Área de Calidad y Organización del Consorci Sanitari Alt Penedès-Garraf (CSAPG), sobre los retos actuales de la calidad asistencial, la cultura de seguridad, el papel de la formación y los cambios que marcarán los próximos años. 

Hoy, 17 de septiembre, Día Mundial de la Seguridad del Paciente, ponemos el foco en una cuestión que, como señala Rosa Simón, debería estar presente todos los días: garantizar que la atención a las personas sea lo más segura posible. 

Esta jornada, impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), quiere reforzar la concienciación y la acción para reducir los daños evitables relacionados con la atención sanitaria. Este 2026, la campaña se centra en la atención segura para las enfermedades no transmisibles  bajo el lema Atención segura durante toda la vida 

Desde su experiencia en el ámbito de la calidad asistencial, Simón defiende una mirada en la que calidad y seguridad forman parte de la forma habitual de trabajar de las organizaciones, con equipos que puedan detectar riesgos, aprender de lo que ocurre y transformar este aprendizaje en mejoras reales.  

  • ¿Por qué es importante seguir reivindicando el Día Mundial de la Seguridad del Paciente? 

El Día Mundial de la Seguridad del Paciente es una buena oportunidad para detenernos un momento y recordar algo que, en realidad, debería estar presente cada día: cuando atendemos a una persona, lo primero que debemos garantizar es que lo hagamos de la forma más segura posible. 

La seguridad no es responsabilidad de un servicio concreto ni de determinados profesionales. Es una responsabilidad compartida y tiene mucho que ver con cómo trabajamos, cómo nos organizamos, cómo nos comunicamos, cómo tomamos decisiones y cómo aprendemos cuando algo no ha ido como esperábamos. 

En un sistema sanitario cada vez más complejo, no podemos dar por sentado que lo que hacemos es seguro sólo porque siempre lo hemos hecho así. Debemos revisar, detectar riesgos, escuchar y aprender de lo que pasa por poder mejorar. 

Y creo que este día también nos debe servir para reconocer a los profesionales. Cada día hay muchas personas que detectan un riesgo, que avisan de un problema, que revisan una forma de hacer o que proponen un cambio para evitar que algo vuelva a ocurrir. Esta actitud de estar alerta y querer mejorar es, precisamente, una parte esencial de la cultura de seguridad. 

Porque una buena cultura de seguridad necesita confianza: confianza de los pacientes y confianza de los profesionales para poder hablar de lo que no funciona y aprender sin buscar culpables. 

Por eso es importante seguir reivindicando este Día: porque nos ayuda a poner la seguridad en el centro, a reconocer lo que ya hacemos bien y, sobre todo, a recordarnos que siempre podemos hacerlo algo mejor. La seguridad no es un hito que logramos un día y ya está; se construye todos los días y entre todos.  

«La seguridad no es un hito que logramos un día y ya está; se construye cada día y entre todos.»

  • ¿Qué relación existe entre seguridad del paciente y calidad asistencial? 

Para mí, seguridad y calidad van de la mano. Después de muchos años trabajando en el ámbito de la calidad asistencial, tengo muy claro que hablar de calidad es también hablar de seguridad: de cómo hacemos las cosas, de cómo detectamos qué podemos hacer mejor y cómo conseguimos una atención que realmente aporte valor a las personas. 

Ésta es también la mirada que se pone de manifiesto desde la SCQA en el informe Calidad asistencial en Cataluña: ¿dónde estamos y hacia dónde vamos? , donde, después de toda la revisión bibliográfica, situamos la seguridad como una de las dimensiones de la calidad, junto a la accesibilidad, adecuación, atención centrada en la persona, efectividad, eficiencia y equidad. 

Pero, más allá de las definiciones, la calidad y la seguridad se construyen en el día a día: cuando un equipo revisa un proceso porque algo no ha funcionado, cuando un profesional detecta un riesgo o cuando escuchamos a un paciente y, a partir de lo que nos explica, cambiamos una forma de hacer. Es en estos pequeños cambios del día a día en los que la calidad se convierte realmente en mejora y la seguridad toma sentido. 

Con los años también he aprendido que la calidad es, sobre todo, una actitud de mejora continua . No significa que hagamos las cosas mal, sino que debemos tener siempre la inquietud de preguntarnos si podemos hacerlas mejor. 

Y aquí los profesionales tienen un papel clave. La calidad no consiste en decirles qué deben hacer, sino en trabajar con ellos, entender qué ocurre en el día a día y buscar juntos las mejores soluciones. Y por eso necesitamos una cultura en la que se pueda hablar de los riesgos y los errores con confianza, con la mirada puesta en aprender y no en buscar culpables. 

En definitiva, calidad y seguridad comparten un mismo propósito: aprender de lo que hacemos, mejorarlo y conseguir que la atención sea cada vez más segura y mejor para las personas. 

  • ¿Cuáles son los principales retos de las organizaciones sanitarias para avanzar en seguridad y calidad?

Creo que uno de los principales retos es conseguir que la calidad y la seguridad no se vivan como un trabajo añadido, sino como una forma natural de trabajar. En un sistema sanitario cada vez más complejo, debemos cuidar mucho la comunicación, la coordinación y la continuidad, porque es a menudo en estos puntos de conexión donde aparecen los riesgos. 

Y, sobre todo, debemos aprender más de lo que ocurre . Tenemos muchos indicadores, datos y herramientas para detectar problemas, pero lo más importante es lo que hacemos después. No se trata sólo de detectar, sino de aprender y transformar ese aprendizaje en cambios reales. Y esto requiere una cultura de confianza, en la que los profesionales puedan hablar de los problemas sin miedo y con voluntad de mejorar. 

Aquí creo que las áreas de calidad desempeñan un papel muy importante. En el informe de la SCQA también se pone sobre la mesa la necesidad de reforzarlas. Desde mi experiencia, el área de calidad no debe ser quien controla si se cumple o no se cumple, sino quien acompaña, facilita, aporta herramientas y ayuda a los equipos a encontrar mejores formas de hacer las cosas. Tienen que conectar personas, procesos, conocimiento y datos, e incorporar también la mirada de los pacientes y de los profesionales. 

Al final, el reto es conseguir que calidad y seguridad formen parte de la forma habitual de trabajar y que las áreas de calidad sean verdaderas aliadas de los equipos para hacerlo posible. 

«No se trata solo de detectar, sino de aprender y transformar ese aprendizaje en cambios reales.»

  • ¿Qué papel tiene la formación de los y las profesionales para consolidar una cultura de mejora continua y gestión del riesgo?  

Creo que la formación es imprescindible, pero también, en nuestras organizaciones, debemos cambiar un poco la forma de entenderla. No se trata sólo de realizar cursos y adquirir conocimientos sobre calidad o seguridad. Se trata de que los profesionales tengan herramientas para mirar lo que ocurre en su entorno, detectar qué se puede mejorar, entender los riesgos y sentir que también pueden contribuir a solucionarlos. 

Y aquí creo que se está haciendo un trabajo interesante desde UCF porque se está intentando construir un recorrido formativo que vaya más allá de un curso puntual. Se ha elaborado una formación más básica de Calidad y Seguridad del Paciente, un Update que permite ponernos al día de los nuevos retos de la calidad asistencial y se está trabajando en un curso más avanzado, en el que se profundizará en cuestiones como la atención basada en valor, la gestión clínica, el liderazgo, la gestión del cambio, la mejora continua, los procesos. 

Y después hay otra parte que para mí es muy importante: los cursos presenciales prácticos . Porque una cosa es explicar qué es el PDSA, un Pareto, un Ishikawa o un AMFE, y otra es sentarte con un grupo de profesionales, tomar un problema que realmente tienen y trabajarlo juntos. Y ésta es precisamente la finalidad de los cursos presenciales prácticos donde se trabaja a partir de experiencias reales.  

Para mí, aquí es donde la formación toma todo su sentido. Cuando lo aprendido te sirve al día siguiente para mirar un proceso de otra manera, para hacerte una pregunta que antes no te hacías o para abordar un problema con más herramientas. Es aquí cuando notas que la formación realmente ha servido por algo. 

Y también creo que es importante que esta formación no quede sólo en manos de los profesionales de calidad o seguridad. La calidad y la seguridad forman parte del trabajo de todos. Evidentemente, necesitamos personas expertas que ayuden a orientar y apoyar, pero la mejora pasa en los equipos, en los servicios, en las consultas, en las plantas, en todos los lugares donde se produce la atención. 

Por tanto, si queremos consolidar una cultura de mejora continua, debemos conseguir que los profesionales se sientan parte de esta cultura y que tengan las herramientas para poder actuar. No se trata sólo de formar mejor; se trata de dar capacidad a los profesionales para mejorar lo que hacen cada día.  

«Cuando lo aprendido te sirve al día siguiente para mirar un proceso de otra manera [...] es aquí cuando notas que la formación realmente ha servido para algo.»

  • ¿Qué cambios crees que marcarán la agenda de la calidad asistencial en los próximos años? 

Creo que en los próximos años veremos cambios importantes en la forma de entender la calidad, pero, de hecho, muchos de estos cambios ya están pasando. Ya no basta con preguntarnos si hacemos bien las cosas. Cada vez hay que preguntarse más si lo que hacemos sirve realmente para mejorar la vida de las personas y si conseguimos los resultados que esperamos. Este cambio de mirada ya está ocurriendo y ahora lo que debemos hacer es consolidarlo. 

Esto significa dar más peso a los resultados, pero también a la experiencia de las personas, a lo que nos explican los pacientes ya su participación en las decisiones. Aún nos queda mucho camino por recorrer aquí. No es sólo preguntar al paciente si está satisfecho y después guardar el resultado en un salpicadero. Es escucharle de verdad, entender qué nos está diciendo y, sobre todo, ver qué podemos cambiar a partir de esto. 

También creo que cada vez tendremos más claro que no podemos trabajar la calidad, la seguridad , la experiencia , la adecuación , la equidad o la sostenibilidad cada una por su lado. Cuando una persona entra en contacto con el sistema sanitario, todo esto le llega a la vez. Por tanto, debemos ser capaces de mirar la atención de una manera más global 

Y, evidentemente, la tecnología y la inteligencia artificial tendrán mucho peso. Nos pueden ayudar mucho: a analizar información, detectar riesgos, tomar decisiones o individualizar la atención. Pero yo creo que aquí debemos ser algo exigentes. No porque una tecnología sea nueva significa que sea mejor, ni porque nos permita hacer más cosas significa que las estemos haciendo mejor. 

Cuando incorporemos una nueva herramienta, deberíamos preguntarnos cosas muy sencillas: ¿esto ayuda realmente a la persona? ¿Nos permite hacer mejor nuestro trabajo? ¿Nos da mejores resultados? Porque si una tecnología acaba haciendo que el profesional tenga más trabajo, que la atención sea más complicada o que la persona se sienta menos escuchada, deberemos revisar cómo la estamos utilizando. 

Y hay otra cuestión que para mí será clave: que las organizaciones sean capaces de aprender . El sistema sanitario cambia muy rápido y no siempre tendremos la respuesta antes de que aparezca el problema. Necesitamos organizaciones que sepan escuchar, mirar los datos, hablar con los profesionales y con los pacientes, reconocer cuando algo no funciona y tener capacidad para cambiarlo. 

Y aquí las áreas de calidad desempeñan un papel muy importante. Pueden ayudar a la organización a mirar qué está pasando, a conectar los datos con lo que ocurre en el día a día, a facilitar los procesos de mejora y acompañar a los equipos para que los cambios pasen de verdad. 

Por tanto, si tuviera que resumir hacia dónde creo que va la calidad, diría que vamos hacia una calidad más centrada en los resultados, en el valor que aportamos y, sobre todo, en las personas. 

Porque al final podemos tener muchos indicadores, muchos datos y mucha tecnología, pero no podemos perder de vista para qué hacemos todo esto. Detrás de cualquier indicador, de cualquier proceso y de cualquier dato, hay una persona que espera que la atención que recibe le aporte valor. Y creo que nunca deberíamos perder de vista esto.  

«Detrás de cualquier indicador, de cualquier proceso y de cualquier dato, hay una persona que espera que la atención que recibe le aporte valor.»

Continuar avanzando en calidad y seguridad 

El Día Mundial de la Seguridad del Paciente nos invita a poner sobre la mesa que la seguridad y la calidad no son una actuación puntual, sino una forma de trabajar, aprender y mejorar de forma continuada. 

Desde UCF seguimos trabajando en propuestas formativas de calidad asistencial y seguridad del paciente , dirigidas a profesionales, equipos y organizaciones del sector salud y social, con el objetivo de aportar conocimiento y herramientas que se puedan trasladar a la práctica cotidiana. Durante este 2026, este eje incluye el Programa de Calidad y Seguridad de los pacientes , el Update de Calidad Asistencial y diferentes cursos presenciales prácticos sobre mejora continua y gestión del riesgo.  

Consulta las propuestas formativas de UCF en calidad asistencial e identifica cuál puede dar respuesta a los retos de tu equipo u organización.